El Matrimonio secreto

>> 02 agosto, 2011

Estabamos comiendo en el “Vivaldi”, Meylin y yo, ambos entablamos una conversación superficial que buscábamos, queríamos evadir aquellos temas tan íntimos que nos aquejaban en el pasado.

Mientras ella hablaba, yo no era capaz de tomarle importancia a lo que decía, por mi cabeza sólo podían pasar miles de imágenes llenas de sus recuerdos.

Finalmente, no estoy seguro de cómo surgió el tema, si lo planteó ella o yo, no lo sé, pero ahí estábamos, hablando de ese tema que por tantos años evité. Después de tanto tiempo tuve el valor de decirle que, inevitablemente, no había podido olvidarla: No la amaba, sólo estaba unido a ella por una necesidad de afecto, por no querer sentirme solo y vacío, que contradictorio, es hasta ahora que puedo ver todo claro, fue simplemente una ilusión.

La solución más lógica que encontré para no herirnos más, sí, por fin usábamos la lógica; decidí no verla más, cortar todos esos lazos que nos unían en esta relación egoísta por años. Meylin aceptó con la cabeza y se alejó del restaurant. Fue la última vez que la vi, que hablé con ella siquiera, porque esas llamadas tan puntuales que sucedían dos veces al año, ya no existían…

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