De noche - I

>> 18 agosto, 2011

Una noche monótona, de que otra forma mejor podría describirla, sí monótona, sin novedades, sin apuros; veo a través de mi ventana el gran paisaje que tengo como avenida, el único sonido que percibo es el de algunas llantas de auto en el asfalto de la pista que cruza mi ventana, algunos transeúntes apurados por las altas horas de la noche, perdón, de madrugada; 3:00 am. no parece la hora indicada para llegar a casa en una zona como en la que resido. Qué mala suerte la de ellos, el que no puedan ser yo y estar apaciblemente cómodos en sus camas, sin nada mejor que hacer que pensar en posibilidades infinitas de hechos que suceden. Insisto en que es su mala suerte, porque, con franqueza, no me importan los motivos que tienen para encontrarse fuera de sus casas a estas horas, es la vida que les tocó vivir, mejor dicho es la vida que viven, no tienen más remedio que aceptarlo ¿no es así?

Me asomo a mi ventana, esta vez observo con detenimiento lo que acontece afuera, buscando que me importe un poco siquiera; por alguna extraña razón llevo tres días despertándome a la misma hora, sin ganas de retomar mi sueño, y sintiendo un gran nudo en el estómago, no sé lo que es. Realmente es extraño, nunca antes me había sucedido algo así,  o bueno, nunca antes me había sentido de esta forma.

Desde que recuerdo mi casa está al lado de un poste, desde hace varios años el foco no funciona bien, siempre tintinea, y a veces nos deja en penumbras por varias horas, y al parecer, hoy no es la diferencia, pero por qué me sorprende, en estos tres días que llevo sin dormir ha hecho exactamente lo mismo, y sólo me frustro al pensar en el dichoso foco. Pasan algunos minutos, no encuentro más que aburrimiento, aunque…
Algo interesante sucede, casi digno de merecer mi atención; claro que para otros supongo es un tema más delicado de lo que considero, más social, más moral; por asares del destino, el foco que no funciona bien acaba de prenderse, y claramente veo que está ocurriendo un asalto frente a la puerta de mi casa, sí, efectivamente, a una persona le están robando. Qué lástima por ella, veo como forcejea, y me pregunto cómo no se da cuenta que su lucha es una causa perdida, qué patético. ¿Acaso la simple resignación no es más fácil? ¿Por qué no sólo desiste? Patético.
Un momento… ¿mis ojos me engañan? Sí, es probable que la hora y la falta de sueño hayan comenzado a afectarme, (sin contar con que el foco en cuestión, culpable de que yo haya visto semejante escena, nuevamente tintinea); el hombre esta tendido en el piso; solamente parpadeé y ahora se encuentra inconciente ¿cómo pasó esto tan rápido? ¿Es que el simple forcejeo se convirtió en un knock out? El asaltante empieza a patearlo fuerte, patada tras patada en el vientre del desdichado hombre, sin una poca de compasión, y a este no le queda más que agonizar y suplicar por algo de clemencia, la cual es negada con un silencio perturbador y un rostro lleno de dicha por el mal que ocasiona, por los incesantes golpes que acierta en su vientre una y otra vez, y por la satisfacción de la escena que ha creado.

Aquel nudo en mi estómago, fue sustituido por un estremecimiento terrible en mi piel y por un sabor de asco en mi boca; vomitar, sí, era lo único en lo que podía pensar, porque ese ya no era un charco de sangre, sino un río… y no quería saber donde desembocaría. El asaltante no paraba, por más que el desdichado hombre hace unos minutos dejó de dar señales de vidas, su último aliento fue un nombre ahogado entre la sangre de sus labios… Camila.

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